No solo debemos amar y adorar a YHVH con toda nuestra mente, entendimiento, sino con todo nuestro ser: espíritu, alma, fuerzas y corazón. El quiere que le demos todo lo que tenemos. Son muchas las formas que tenemos para expresar nuestra alabanza, adoración, veneración, devoción y amor por El. Debemos volvernos como David, que no le importó el qué dirán, siendo todo un rey. Danzó con todas sus fuerzas delante de YHVH, mientras el Arca era llevada a Jerusalén.
Yahshua dijo que había sido enviado a: “pregonar libertad a los cautivos… a poner en libertad a los oprimidos” – Lucas 4:18. Pero en ninguna parte en las Escrituras leemos que formó un ejército y peleo contra los romanos para lograrlo. El no hablaba de libertad física, hablaba de la libertad espiritual, la libertad de la esclavitud del pecado en la que se hallaba el hombre desde Adán. Pero cuando trató de explicarles la libertad que Él ofrecía no le entendieron – “Si vosotros permanecéis en mi Palabra (Torah), seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” – Juan 8:31-32.
Hay alrededor de 33.000 denominaciones cristianas en el mundo. Cada una con su propia confesión de fe y estatutos. ¿Es esta división de la que el Mesías habló cuando oró “para que todos sean uno”? NO. Los primeros creyentes eran reconocidos como una secta del judaísmo – “Porque queríamos oír de ti lo que piensas; porque de esta secta nos es notorio que en todas partes se habla contra ella” – Hechos 28:22 (Pablo interrogado por los judíos en Roma).
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