La tendencia humana del hombre es creer que él es el protagonista en la historia de su vida. Esta vista tan corta es consecuencia de la soberbia que llevada a extremos puede tomar la forma de narcicismo o aún de comportamiento sicopático, encoge el universo, limitándolo solo a lo que la persona ve con sus propios ojos y escucha con sus oídos, haciéndolo extremadamente pequeño, como un cañón encerrado por sus propias paredes.
Vale la pena repetirlo: nuestro destino eterno es una elección que YHVH ha dejado a nuestra discreción – a cada uno individualmente. Pero, nuestro papel o función dentro de la familia de la fe, una vez que hemos entrado en los vínculos del Pacto con YHVH, y hemos sido injertados y hechos parte del pueblo de YHVH, sigue siendo una prerrogativa divina. Todos recibimos talentos – habilidades que debemos desarrollar para la gloria de Elohim y para el crecimiento del cuerpo del Mesías, que somos todos nosotros.
El estudio del Tabernáculo, la habitación de YHVH en medio de Su pueblo, es tan importante como la creación del mundo, la caída de Adán y Eva, la historia de Abraham y los primeros hebreos, o la historia de Jacob y el origen de las 12 tribus. Cada diminuto detalle de su construcción, los implementos usados, las vestiduras usadas, los rituales que se llevaban a cabo y QUIEN los conducía, fueron delineados por YHVH, quien le exigió a Moisés que todo se hiciera de acuerdo al modelo mostrado en el monte.
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