“Bendeciré a YHVH en todo tiempo; su alabanza estará de continuo en mi boca” (Salmo 34:1)
Cientos de años antes de la llegada del Mesías, el pueblo de Israel había desarrollado la tradición de ofrecer cortas oraciones de bendición durante todo el día, desde el momento en que se levantaban, hasta la noche cuando iban a dormir. Es una práctica que muchos conservan hoy en día, a través de la cual recuerdan la presencia de YHVH entre ellos durante todo el día. Cada pequeña oración es llamada “Barak”, que significa “bendición”. Bendecir a YHVH es alabarlo, reconocerlo como la Fuente de toda bendición en nuestra vida. El Rey David dijo: “Bendice alma mía a YHVH, y bendiga todo mi ser su Santo Nombre” – Salmo 103:1. La palabra “Barak” también significa “arrodillarse”. Arrodillarse humildemente bendiciendo a YHVH por Su bondad. En los tiempos de Yahushua, esas pequeñas oraciones empezaban con “Bendito eres Tú…”. Tan pronto cantaba el gallo, daban gracias a YHVH por devolverles el alma para vivir un nuevo día. Esa debe ser la vida de todo creyente, una constante oración bendiciendo a YHVH por todo. Aún en tiempos de tribulación, bendecir a YHVH porque Él es el único que conoce las razones por las que nos permite vivir dichas experiencias. “Bendito eres tú, YHVH, Elohim del universo por darnos estos días de reflexión para examinar nuestro corazón” Bendito eres tú, YHVH, Elohim nuestro, por este nuevo Shabbat que nos permites vivir” – ¡Shabbat Shalom!
“YHVH no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero YHVH mira el corazón” (1Samuel 16:7)
Cuando YHVH encomendó al profeta Samuel ir a ungir al próximo rey de Israel de entre los hijos de Isaí, éste quedó impresionado con la apariencia de Eliab y YHVH le advierte a Samuel, no dejarse impresionar por lo que veían sus ojos – “No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura” – porque YHVH se deleita en escoger al menos probable, al que el hombre no escogería, al que el líder religioso desecharía, al humilde que tiene un corazón sumiso y dispuesto a dejarse moldear, a poner su vida en las manos del Divino Alfarero. En el sistema la gente está más preocupada por preparar su cuerpo lo mejor posible para ser aceptados dentro del círculo que puede darle más estatus, pero no preparan su corazón para presentarse ante Aquel que conoce hasta lo más íntimo de nuestro corazón – “El ejercicio corporal para poco es provechoso, pero la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera” – 1Timoteo 4:8. Finalmente, debemos aprender que así como YHVH no juzga basado en las apariencias, nosotros tampoco debemos hacerlo. No emitamos juicios, ni opiniones basados en las apariencias, nuestro estándar tanto personal como para los demás, es la Torah.
“No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Elohim y con los hombres y has vencido” (Génesis 32:28)
Jacob fue implacable durante esta lucha y su perseverancia le cambió profundamente para siempre, de muchas formas. Fue herido y caminó cojo el resto de su vida, como una señal de la debilidad humana y su dependencia de YHVH. Se le dio un nuevo nombre, y con él, su identidad como príncipe de Elohim. ¿Cuántas veces las crisis y dificultades son usadas por YHVH para acercarnos a Él? La transformación interior que puede llevarse a cabo cuando pasamos por estas batallas y dejamos a YHVH obrar en nuestra vida es tan grandiosa, y solo Él sabe que esa es la única manera de llevarnos al punto donde Él puede moldearnos. El fruto y la bendición que puede resultar de esa lucha, es maravilloso. Y el poder estar tan cerca de YHVH así sea a través del dolor, con seguridad nos cambiara para siempre. Así, que si estás en medio de la lucha, no la dejes pasar hasta que recibas la bendición, el cambio y la victoria.
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