“Ezequías…hizo lo recto ante los ojos de YHVH, conforme a todas las cosas que había hecho David su padre… e hizo pedazos la serpiente de bronce que había hecho Moisés, porque hasta entonces le quemaban incienso los hijos de Israel…” (2Reyes 18:1-4)
El libro de Números registra varias rebeliones del pueblo contra Elohim, y vemos la cantidad de veces que mucho pueblo cae muerto a consecuencias de sus rebeliones. Se dice que aquel que no recuerda el pasado, está condenado a repetirlo. Tanto en la vida secular como en las Escrituras, hay un sentido natural de que la vida es cíclica en vez de lineal. La adoración a la serpiente era la práctica prevalente en Egipto, Canaán y Mesopotamia. En el antiguo medio oriente, existía un ritual llamado “magia compasiva”, consistía en que si un individuo sufría por el veneno de alguna planta o animal, al mirar la imagen de esa misma planta o animal, se creía que la persona sanaba. La serpiente era uno de los muchos dioses de Egipto. Cada que el pueblo ser rebelaba, su deseo era regresar al sitio de donde YHVH lo había rescatado y YHVH castiga al pueblo con el objeto de su deseo; Egipto y sus dioses, donde tenían el estómago lleno, pero no podían adorar a YHVH. Sin embargo Israel no aprendió la lección. El propósito de YHVH era que con la serpiente el pueblo recordara su dependencia de Él, pero todo lo contrario, recordaron a Egipto y su antigua vida, y guardaron la imagen para adorarla. Muchos años después, vemos a Israel adorando la serpiente y sufriendo a consecuencias de su rebelión e idolatría. Hoy no es diferente, el pueblo sigue adorando su antigua vida y rebelándose contra Elohim. Nadie quiere separarse del sistema, lo encuentran más atractivo que servirle a YHVH y vivir bajo Su Torah. Pero no podemos mezclar lo santo con lo profano, si no nos separamos, igual que Israel, sufriremos a casa de nuestra idolatría.
“Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia” (Efesios 6:14)
La historia nos muestra que los gobiernos (ya sean políticos o religiosos) nunca han revelado la verdad completa al pueblo. Según ellos, necesitan proteger al pueblo porque podría confundirse o entrar en pánico sin saben la verdad. Lo que no saben es que el gobierno es quien confunde al pueblo. El pueblo por instinto, muchas veces descubren la verdad. La enseñanza correcta se reconoce con facilidad. Cuando se está en búsqueda de la verdad, algo en nuestro interior despierta y sentimos que lo que estamos escuchando es lo correcto o no. Cuando a la gente se le da la verdad, toma decisiones correctas. Otro método para descubrir la verdad: pregúntese, ¿qué enseñanzas a través de la historia han producido más derramamiento de sangre en el intento por destruirlas o anularlas? No han sido las enseñanzas de Plato, Francis Beacon, Darwin o Karl Marx. Ha sido la enseñanza de la Torah, que desató cruzadas por toda Europa. La enseñanza de los primeros seguidores del Mesías. Todos los apóstoles a excepción de Juan tuvieron muertes horrorosas. Ha sido el trabajo de hombres valientes y perseguidos, que tradujeron las Escrituras a varios idiomas. Los falsos maestros siempre serán los primeros en quejarse sobre la intolerancia. Las enseñanzas falsas solo pueden sobrevivir escondidas en las sombras donde no sean escrudiñadas. La inseguridad y paranoia de aquellos que quieren aniquilar la verdad, siempre se manifestará cuando gritan contra cualquier escrutinio. Siempre tratan de salir del apuro con expresiones como: “Debemos estar unidos” “hagamos las diferencias a un lado”. Pero ellos mismos son los que luego nos llamarán: Fanáticos, extremistas, radicales. La verdad solo la encuentras en YHWH y en Su Torah. Allí encontrarás pautas para llevar una vida sana y recta, sin temores, seguros. Nunca olvidemos que: “El que habla verdad declara justicia” – Proverbios 12:17.
“Sube a mí al monte, y espera allá, y te daré tablas de piedra, y la Torah, y mandamientos que he escrito para enseñarles” (Éxodo 24:12)
Todos de alguna forma u otra, enseñamos, la pregunta aquí es: ¿qué y cómo enseñar? Hay cinco palabras en hebreo que significan enseñar, al estudiarlas podemos discernir, qué y cómo hacerlo. Estas palabras son usadas a lo largo de todas las Escrituras. La primera palabra la encontramos en el Shema, Deuteronomio 6:7 – “y estas palabras las enseñaras a tus hijos” (en español está mal traducido, no es repetirás sino enseñarás). La palabra enseñar aquí es “Shana” que quiere decir: afilar. El método de enseñar afilando para el conflicto, es decir preparando para la guerra. La próxima palabra es “Yarah” que es la raíz de la palabra “Torah”, mal traducida como ley. Yarah quiere decir: disparar a un objetivo. El método de enseñar señalando el camino. La próxima palabra es “Lamad” cuya pictografía muestra el cayado de un pastor. El método de enseñar, enseñando el camino y cuidando de la oveja. La próxima palabra es “Alaf” que quiere decir: unirse, juntarse como un par de bueyes. Enseñar por medio del ejemplo. Y la última palabra es “Yasar” cuya pictografía muestra una mano haciendo un círculo con la cabeza, significa: voltear la cabeza. Esta palabra es comúnmente traducida como: llamar la atención, castigar, corregir. Enseñar por medio de la disciplina. Yasar es una de las palabras más comunes en las Escrituras y debemos tener una visión correcta de la palabra entendiendo que la disciplina de Elohim es Su mano de misericordia sobre nosotros. Ezequiel 44:23 explica lo que los sacerdotes debían hacer – “enseñarán a mi pueblo a hacer diferencia entre lo santo y lo profano, y les enseñarán a discernir entre lo limpio y lo no limpio”. Hacer diferencia entre lo santo y lo profano, es enseñarle al pueblo a diferenciar entre el camino de Elohim y el camino del hombre, a que actúe coherentemente con el carácter que Elohim ha desarrollado en ellos. Y discernir entre lo limpio y lo no limpio es enseñarle a separarse como un pueblo especial para Elohim, a abandonar todo aquello que dañe su relación con el Padre Eterno. SHABBAT SHALOM
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