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Gota de Amor - Noviembre 23/2010

“Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto” (Juan 15:1-2)


Yeshua es la Torah viva, y El quiere que permanezcamos (vivamos) en Sus enseñanzas (Torah).  Yeshua usa metáforas de agricultura para referirse a nuestra obediencia a la Torah, en contraste con obedecer falsas enseñanzas.

Quien plante la semilla, hace la diferencia.  Desde antes de la llegada del Mesías, los ancianos de Israel ya habían mezclado la Torah con tradiciones de hombres – “Invalidando la Torah de Yaweh con vuestra tradición que habéis trasmitido” – Marcos 7:13.  Cerca de dos siglos después de la partida del Mesías, lo creyentes helenos al igual que los antiguos en Israel, mezclaron el mensaje con tradiciones y costumbres paganas que hasta el día de hoy tienen impregnada a la iglesia.  Muchos han seguido enseñanzas de hombres ignorando la Torah de Yaweh, convirtiéndose en una gran cosecha de maleza fertilizada para crecer con mentiras por muchos siglos.  La persona promedio es controlada por medio de fortalezas (creencias, interpretaciones falsas) que le han sido enseñadas, y necesita pelear contra esas fortalezas con armas que las destruyan, con la Torah.  Yeshua mismo no uso otra arma que la Torah, Palabra de Yaweh para derribar las fortalezas que el enemigo quiso levantar contra El. Yeshua nos trae el Pacto, lo escribe en nuestro corazón y recibimos amor por la verdad.  El pacto nos cambia, nos hace “ciudadanos de Israel”, pueblo de Elohim, herederos de promesa, y sujetos a los vínculos del pacto – Efesios 2:8-13.

 

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