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Gota de Amor - Marzo 2/2011

“Habló YHWH a Moisés, diciendo: Manda a los hijos de Israel que te traigan para el alumbrado aceite puro de olivas machacadas, para hacer arder las lámparas continuamente” (Levíticos 24:1-2)


El aceite de oliva se hace machacando y presionando olivas maduras. La palabra “aceite” en hebreo es Shemen formada por las letras: shin que significa: consumir, destruir; la letra mem que significa: caos masivo; la letra nun que significa: actividad, vida.

Por consiguiente, la palabra “aceite” según el lenguaje pictórico hebreo es: destruir el caos dando como resultado la vida.  ¿Qué tiene que ver esto con usted y yo?  Simple, en resumen: el aceite en su estado natural es inútil y amargo, pero cuando esa amargura es destruida, o cuando la oliva es machacada para extraer el aceite, se convierte en una fuente de vida y en luz.  Elohim necesita machacarnos y refinarnos para sacar de nosotros todo residuo de amargura del viejo hombre, para que el nuevo hombre espiritualmente regenerado, pueda brillar y la Torah viva fluya en nosotros para la gloria de YHWH.  Miremos algunos paralelos entre el olivo y un hijo de Elohim: 1. El estado no refinado de ambos, el olivo y el hombre, es amargo y necesita ser machacado para ser aceptable al consumidor o en el caso del hombre, a Elohim.  2. Ambos el olivo y el hombre son duros para crecer y temperamentales en cuanto a dar fruto.  Ambos requieren atención especial.  Muchos factores están involucrados y muchos cuidados deben ser suministrados para que el cultivador asegure una buena cosecha.  3. El olivo y el hombre necesitan ser machacados para sacar el aceite (fruto).  Un molino o piedra es a veces usado para sacar el aceite – “Todo el que cayere sobre aquella piedra, será quebrantado; mas sobre quien ella cayere, le desmenuzará” – Lucas 20:18.  Nuestro tiempo en la tierra es el campo donde Elohim nos está probando, machacando, refinando y purificando para hacer de nosotros vasos de honra, preparados para ser reyes y sacerdotes en Su Reino.  Este proceso involucra el crucificar la carne, el morir a nuestro ego con su orgullo, temores, odios, amarguras, egoísmos a todo lo que el sistema representa y dejar que el Ruaj HaKoddesh transforme nuestro carácter para reflejar cada día más la imagen de nuestro Salvador y así puedan nuestras lámparas arder continuamente.

 

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