“Partió luego de Elim toda la congregación de los hijos de Israel, y vino al desierto de Sin, que está entre Elim y Sinaí…” (Éxodo 16:1)
El pueblo había pasado un buen tiempo en Elim, tenían agua suficiente para ellos, sus ganados y para llevar consigo por el camino. O sea que el agua ya no era problema. Pero como nunca el ser humano está satisfecho, ahora tenían una nueva queja contra Moisés y por consiguiente contra YHVH – “Ojala hubiéramos muerto por mano de YHVH en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos a las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta saciarnos” – Éxodo 16:3. El pueblo era lento para aprender a confiar y a obedecer. Sin embargo, a pesar de los constantes errores de Israel, YHVH respondía a la necesidad del pueblo y al clamor de Moisés por ellos. – “He aquí yo os haré llover pan del cielo; y el pueblo saldrá, y recogerá diariamente la porción de un día, para que yo lo pruebe si anda en mi ley, o no. Mas el sexto día prepararán para guardar el doble de lo que suelen recoger cada día”… “Seis días lo recogeréis; mas el séptimo día es día de reposo; en él no se hallará” – Éxodo 16:4 y 26. Cada día debían recoger solo lo de ese día. El cielo había prometido suplir su pan diario. Eso hizo que el pueblo fuera probado una vez más. ‘He suplido abundantemente tu necesidad de hoy, ¿confiarás en mí para suplirte mañana?’. Nosotros, al igual que Israel, somos lentos para confiar y obedecer. Debemos orar para que nuestra fe sea fortalecida con cada obra providencial de Elohim, cada vez que nos suple de forma milagrosa, cada que nos permite saborear su grandeza y su amoroso cuidado hacia nosotros. “Gustad y ved que es bueno YHVH; dichoso el hombre que confía en Él” – Salmo 34:8.