“Lava tu corazón de maldad, oh, Jerusalén, para que seas salva. ¿Hasta cuándo permitirás en medio de ti los pensamientos de iniquidad?” (Jeremías 4:14)
Cuando la persona acepta el diagnostico de que tiene un corazón enfermo, pero opta por remedios alternos a la cirugía, busca llegar a Canaán como un mercader, por los panes y los peces, no aceptando el proceso normal para que la Torah sea implantada en su corazón y se lleve a cabo la transformación que a través de la humillación lleva al hombre a rendirse a su Creador. Siempre buscará un chivo expiatorio demostrando el deprimente estado de su corazón, queriendo recibir los beneficios de Canaán viviendo en Egipto. Es así como hoy en día escuchamos frases como: “Es la vida que nos merecemos” “Pida con fe y lo recibirá” “Solo crea”, etc. El pueblo cristiano está enfermo viviendo una vida con falsas expectativas, creyendo que agrada a YHVH ajustando sus vidas al sistema y no a los parámetros de YHVH.
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