Esta es la verdadera libertad, la libertad que solo se encuentra caminando en el Espíritu, en la Torah, haciendo las cosas que le agradan a Elohim, obedeciendo sus instrucciones, mandamientos y preceptos (Torah). Yahshua es nuestro ejemplo. El caminó en total obediencia y sujeción al Padre y por eso Elohim le dio el poder de hacer libre a todo aquel que llegue a Él.
Cuando un individuo de las naciones (gentil) se une asimismo a Yaweh en una relación de pacto, se une al olivo natural que es Israel; Yaweh no se hace un Elohim gentil, sino que quien se une a Yaweh, se hace un hijo de Israel y por ende heredero con todas las bendiciones de la promesa, y con todas las responsabilidades (obedecer la Torah).
Cuando Elohim le dio la Torah a los hijos de Israel en el Monte Sinaí, les dio instrucciones específicas sobre cómo debían comportarse en presencia de las otras naciones que habitaban en la tierra de Canaán. En Deuteronomio 7:1-5, vemos a Elohim ordenando a Su pueblo con relación a: no mezclarse casándose con las hijas de las otras naciones (yugo desigual), no servir a los dioses de las otras naciones (sistema) y destruir los altares de adoración a esos dioses, incluyendo sus imágenes.
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