“Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de YHVH, para que El os exalte cuando fuere tiempo” (1 Pedro 5:6)
Esta frase es imperativa. Es una orden de hacer algo con uno mismo. Humillarse es un acto de la voluntad. Si no nos humillamos y nos ponemos en posición de siervos, no podemos conocer la voluntad y propósito de YHVH para nuestra vida. Yahushua nos dio ejemplo — “no estimó el ser igual a Elohim como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo”— El hombre por naturaleza es egoísta, hambriento de poder y gloria, competitivo, ambicioso, pero cuando alguien genuinamente se encuentra con el Elohim Vivo, no le queda otra cosa que, humillarse. Por eso debemos ser cuidadosos y dudar de todo aquel supuesto “llamado y ungido” que pone al pueblo como siervo, esclavo, obreros para su propia gloria, que viven en la opulencia mientras algunos en su comunidad mueren de hambre. “Ay de los pastores de Israel, que se apacientan a sí mismos… coméis la grosura, y os vestís de la lana; la engordada degolláis, mas no apacentáis a las ovejas. No fortalecisteis las débiles, ni curasteis la enferma; no vendasteis la perniquebrada, ni volviste al redil la descarriada, sino que os habéis enseñoreado de ellas con dureza y violencia” — Ezequiel 34:2-4.
“Yo me acosté y dormí, y desperté, porque YHVH me sustentaba” (Salmo 3:5)
¡Qué le desvela? ¿Su familia, empleo, salud, hijos…? Todos hemos experimentado noches de insomnio sin poder evitar esos pensamientos de preocupación. David no escribió este salmo en su cama en el palacio, lo escribió cuando huía de su hijo Absalón quien había organizado una rebelión contra su padre para derrocarlo del trono. Pero ¿qué hizo David? Fue a YHVH. David nos recuerda en este salmo, que, aunque todo vaya mal y parezca no haber esperanza, YHVH sigue ahí. El clamó a aquel quien era su Escudo alrededor de él y quien levantaba su cabeza — salmo 3:3. David podía dormir tranquilo en medio de la crisis porque sabía que YHVH había escuchado su oración — “Con mi voz clamé a YHVH, y él me respondió desde su monte santo” — Salmo 3:4. Cuando el insomnio nos ataque con preocupaciones, recordemos que YHVH es Escudo a nuestro alrededor y podemos dormir confiados.
“Por tanto, no desmayamos; antes, aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día” (2Coritnios 4:16)
Estamos en proceso de construcción. Desde el día que el Ruaj Hakoddesh llegó a morar en nuestro corazón, ha estado trabajando con perfecta sabiduría, y con poder supernatural para renovarnos y transformar nuestro carácter, y hasta cierto punto, nuestra personalidad, y aún nuestro cuerpo físico, por medio de la Torah. Nuestro hombre exterior, este cuerpo mortal con su débil naturaleza está condenado a la muerte física. Sin embargo, una nueva vida habita esta vasija de barro, y esa vida está constantemente obrando, afectando positiva y profundamente el cuerpo que la contiene. YHVH conoce todo sobre nuestra vida desde el momento de la concepción. Conoce nuestros dones, habilidades, fortalezas, debilidades, heridas y todas las características de nuestra personalidad, y quiere renovarnos de acuerdo con el plan que tiene para cada uno de nosotros. Él ha comprado la “propiedad” de nuestra vida con Su sangre. Estamos en buenas manos, nuestro Creador sabe lo que está haciendo. Nos está renovando, preparando de la mejor manera posible para la eternidad.
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