El salmista pudo testificar que aquellos que confían en Yaweh, están seguros en cualquier situación que se les presente. Yaweh fue su refugio permanente, su lugar de reposo, el conocía el carácter de su Elohim y podía confiar en El. Nadie es inmune a las tormentas de la vida.
Algunas veces aparecen sin avisar y pueden ser muy fuertes; aun su ruido a medida que se acerca puede atemorizarnos e impedirnos escuchar la voz de Elohim susurrando paz a nuestro espíritu. Cuando Yeshua dormía en la barca con Sus discípulos, apareció una tormenta en Galilea. Los discípulos olvidaron que Yeshua estaba con ellos y que en Su presencia estaban libres de cualquier daño. Yeshua le habló a la tormenta y esta cesó. El mar recobró su calma y el atemorizado corazón de los discípulos también. La vida del creyente es acerca de una relación personal con Yeshua. En nuestro agitado ambiente en que vivimos, El susurra a nuestro oído palabras de paz y seguridad como lo hizo con el mar. Y hoy te pregunta: ¿Por qué estás angustiado y temeroso? ¿No crees que Yo puedo llevarte a través de la tormenta y sacarte sano de ella? Las tormentas son por corto tiempo y por lo regular nos acercan más a El y nos permiten disfrutar de Su protección y cuidado. Las tormentas no son eternas, el amor de Elohim si lo es.
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