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Gota de Amor - Octubre 12/2010

“Quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente” (1Pedro 2:23)


En algún momento u otro de la vida, todos de alguna manera somos acusados falsamente por amigos, familiares o simples conocidos quienes nos juzgan erróneamente.  Cuando esto sucede nuestra tendencia o tentación es de retaliar y defendernos.  Nuestra actitud por lo regular, es totalmente opuesta a la de Yeshua, quien en sus horas más oscuras

cuando era escarnecido, insultado, escupido, nunca respondió ni se defendió.  El confió toda Su causa al Padre quien es el juez justo.  Yeshua advirtió a sus discípulos sobre la hipocresía de juzgar a los demás.  La línea entre el juzgar y discernir es muy angosta, pero demasiado significativa.  El discernimiento es un don del Ruaj Ha Koddesh y debe usarse sabiamente.  El juzgar es una característica del hombre y por lo regular más común en aquellos con espíritu de religiosidad que no conocen el amor de Elohim, sino la inflexibilidad de la auto-justificación.  Cuanta angustia nos ahorraríamos si nuestra actitud fuera como la de Maestro a quien profesamos seguir.  Igual que Yeshua, debemos siempre encomendar nuestra causa al Padre.  No importa lo que la gente diga de nosotros, solo pueden dañar nuestra reputación, pero Elohim está más interesado en nuestro carácter que en nuestra reputación.  Nuestro carácter es lo que realmente somos frente a aquel que juzga los pensamientos y actitudes del corazón.

 

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