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Gota de Amor - Diciembre 2/2010

“Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos” (Santiago 1:22)


Santiago, que en realidad es Jacobo (cuando el rey Santiago permitió traducir las Escrituras, exigió que un libro, o carta llevar su nombre, pero el hermano del Mesías se llamaba Jacobo) en esta Escritura marca la diferencia entre un creyente y un impostor.

Muchos hoy en día que proclaman ser creyentes y que ocupan las bancas de las iglesias los domingos son impostores, oidores olvidadizos que tan pronto salen del servicio vuelven a su vida sistematizada y que en nada se diferencian de ciudadanos no creyentes, razón por a cual el mundo cada día cree menos en el mensaje.  Por el contrario, el verdadero creyente no solo escucha sino que hace, hace la voluntad del Padre y tiene una relación personal con El.  El impostor intelectual no puede comprender la realidad de la relación personal del creyente con Elohim, simplemente porque es una relación que no se puede explicar intelectualmente, sino que hay que vivirla.  El Ruaj (Espíritu) que habita en el creyente, es el sello de esa relación y solo puede ser dada por Elohim, no se puede obtener por una simple confesión de fe, u oración.  Desafortunadamente, en la era donde la “fe fácil” es la enseñanza que prevalece, muchos no han sido retados a un arrepentimiento verdadero, en humildad y con corazón contrito, para que puedan disfrutar de esa indescriptible relación con Elohim.  “Muchos me dirán en aquel día: Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí, apartaos de mí, violadores de la Torah” – Mateo 7:22-23.

 

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