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Gota de Amor - Enero 13/2011

“Te seguiré, Señor; pero déjame que me despida primero de los que están en mi casa. Y Yeshua le dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Elohim” (Lucas 9:61-62)


El llamado a ser discípulo de un sabio o profeta en el Israel del  primer siglo, significaba dejar familia, amigos, viajar bajo condiciones muy austeras y un total compromiso.  El discípulo potencial debía primero estar seguro de que sus prioridades estuvieran en orden.

Yeshua no quería que sus posibles discípulos tuvieran falsas expectativas y continuamente enfatizaba la necesidad de contar el costo antes de tomar una decisión, de hacer un compromiso con El.  “Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ve si tiene lo que necesita para acabarla? – Lucas 14:28.  Seguir a Yeshua, aceptar entrar en los vínculos del Pacto, separarse para Elohim y Su reino, no es algo liviano, es asunto de vida o muerte.  Yeshua enfatiza el grado del compromiso de muchas maneras, “Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo” – Lucas 14:26.  La palabra aborrecer en hebreo = amar menos, o poner en segundo lugar.  “Y vio YHWH que Lea era menospreciada y le dio hijos…” – Génesis 29:31.  La palabra menospreciada es la misma usada para expresar aborrecer, pero ya vimos que el contexto hebreo es diferente al nuestro y no quiere decir odiada o aborrecida como lo entendemos nosotros, sino amada menos.  Yeshua enfatiza que si Elohim no es número uno en nuestra vida, no somos aptos, y no está diciendo que odiemos a los nuestros, sino que los amemos menos que a Él.  YHWH debe ser la prioridad número uno de nuestra vida, de lo contrario vamos a encontrar tropiezo en El y en Su Torah.

 

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