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Gota de Amor - Febrero 4/2011

“Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1Juan 1:8-9)


Muchos han malinterpretado el versículo 9, y han adulterado el mensaje del evangelio con una falsa enseñanza, diciendo que simplemente “aceptando ante el Mesías que eres pecador y pidiéndole que entre a morar en tu corazón, eres salvo”.  Es triste que la gente crea semejante tontería, como si por simplemente reconocer su condición va a ser curado.

Es absurdo, solo imagínese que usted va al doctor y solo porque el ponga un nombre a sus síntomas y usted acepte padecer de la enfermedad, ya se va a curar.  El término confesar implica mucho más que simplemente aceptar que soy pecador, debe incluir arrepentimiento y cambio de comportamiento.  “Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado.  Yeshua le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa…” – Lucas 19:8-9.  Zaqueo no acepto con palabras que era un tramposo y ladrón, lo hizo con hechos mostrando frutos dignos de arrepentimiento y cambiando de actitud.  Aceptar simplemente que eres pecador, no te salva.  Es el primer paso, luego debe haber arrepentimiento, restitución si es necesaria, y cambio de comportamiento, un cambio de 180° viviendo una vida digna en obediencia a los Mandamientos de Elohim.  La Torah y el resto de las Escrituras, claramente nos enseñan que el arrepentimiento es la clave para el perdón y la restauración.  El castigo, rechazo y el exilio son consecuencias por olvidar el Pacto y trasgredir la Torah.  La única solución al problema es confesar el pecado y arrepentirse.  “Y confesará su iniquidad y la iniquidad de sus padres, por su prevaricación con que prevaricaron contra mí; y también porque anduvieron conmigo en oposición, yo también habré andado en contra de ellos… entonces se humillará su corazón incircunciso, y reconocerán su pecado.  Entonces yo me acordaré de mi pacto con Jacob” – Levítico 26:40-42. Luego Juan en 2:1 dice “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis”.  Juan enfatiza que el camino del creyente es un camino que se caracteriza por “no pecar”.  El constante llamado a obedecer la Torah, es un llamado al discípulo del Mesías a una vida separada.  Recordemos que pecado es definido como: “infracción de la Torah”. Aso que obedecer la Torah es en resumen el camino del creyente.

 

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