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Gota de Amor - Febrero 27/2011

“Partieron los hijos de Israel de Ramesés a Sucot, como seiscientos mil hombres de a pie, sin contar los niños. También subió con ellos grande multitud de toda clase de gentes… (Éxodo 12:37-38)


Nuestro viaje empieza en la ciudad norteña egipcia de Ramesés.  Este fue el último lugar de nuestra esclavitud.  Ya somos libres.  En un instante, todo nuestro mundo cambió.  Es como si hubiéramos nacido de Nuevo – pero esta vez como hombres y mujeres libres.

Fue la última señal la que lo hizo, fue la última de las diez plagas que Elohim lanzó sobre nuestros captores egipcios y sus dioses.  Moisés la llamo Pascua.   Elohim envío el ángel de la muerte y mató a todos los primogénitos de Egipto.  Elohim asalto el centro mismo de la idolatría egipcia – la más alta deidad egipcia es el Faraón mismo, su heredero, el futuro faraón fue asesinado.  Elohim nos dio instrucciones de preparar un cordero.  Debíamos sacrificarlo y poner su sangre en los dinteles de nuestras puertas.  Debíamos estar listos para salir apresuradamente.  Obedecimos y algunos de nuestros vecinos, gentes de otras naciones, también vinieron con nosotros.  Fuimos salvo de esa plaga por la sangre del cordero.  Tal pronto Faraón nos dejo ir, salimos.  La gente cuando es libre siempre se va.  La sangre del cordero en los dinteles de nuestras puertas nos estaba mostrando el cordero que un día vendría y nos daría la total redención.  Han pasado siglos, y nuestro Cordero Pascual llegó y desde entonces su sangre hace libre a todo aquel que ponga su fe en El, y siga el camino de la libertad, de Ramesés a Sucot en obediencia a las instrucciones de YHWH.  Somos libres no  por nuestro propio esfuerzo, sino por la sangre del Cordero – el Mesías Yeshua.  Ahora tenemos que deshacernos de la vieja levadura del pecado y marchar.  No podemos quedarnos donde fuimos esclavos – en pecado.  Sabemos cuál es nuestro destino final, sabemos que somos llamados a separarnos y a mantenernos conectados con nuestro libertador, nuestra maleta ya fue empacada y debemos apresurarnos a partir.  Somos libres, Egipto ya no tiene poder sobre nosotros, le pertenecemos a un nuevo amo y estamos ansiosos por conocerlo y amarlo.  Apresurémonos, en Sucot pondremos nuestra tienda para siempre. 

 

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