En el versículo 24 vemos como ellos le aconsejan a Pablo que celebre el rito de la purificación junto con otros hermanos para que todos vieran que él vivía en obediencia a la Torah (oral). De esto debemos aprender que la fe en el Mesías no abroga nuestra responsabilidad de obedecer la Torah, ni la conversión hace al creyente indiferente hacia ella.
Por el contrario, la fe en el Mesías realza el deseo del creyente de obedecer la Torah de YHWH. La conversión de esos millares de judíos reafirmó su entusiasmo por observar los mandamientos. Todos eran celosos por la ley. Recordemos que la Torah no es gravosa, opresiva. La Torah es el código de conducta que da libertad a aquellos que viven bajo ella. Ellos estaban felices de obedecer la Torah porque conocían personalmente al Autor y su amorosa intención al dárselas. Más aún, Pablo mismo vivía en obediencia a ella. Los rumores acerca de que él estaba enseñando a apostatar de Moisés, no eran verdad. Pablo respetaba la Torah. Otro aspecto que debemos notar en el Hechos 21, es que apartarse de la Torah y no obedecerla es alejarse de la fe y es apostasía. La palabra apostasía se menciona dos veces en el Nuevo Testamento. La encontramos de nuevo en 2Tesalonicenses 2:3 – “Nadie os engañe en ninguna manera, porque no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición”. Así como la apostasía de que fue acusado Pablo era directamente relacionada con la transgresión de la Torah, la apostasía de los últimos días es también relacionada con la transgresión de la Torah. Después de todo, el Profeta Daniel claramente dice en el capítulo 7:25 – “… y pensará en cambiar los tiempos y la ley”. Está hablando del hombre de pecado. Es aterrador ver la condición de la iglesia hoy en día. Como pueden decir que creen en la Biblia y toman el Antiguo Testamento como obsoleto y sin valor, solo lo usan para apropiarse de promesas y darles interpretaciones fuera de contexto. “Si te volvieres, oh Israel, dice YHWH, vuélvete a mí. Y si quitares de delante de mí tus abominaciones, y no anduvieres de acá para allá” – Jeremías 4:1.
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