La forma de obtener una buena vida es bien sencilla, sin embargo, eso no quiere decir que sea fácil. De hecho uno de los principales requisitos para obtener una buena vida, es controlar la lengua, el miembro más difícil de controlar.
Para hacerlo necesitamos primero aprender a controlar la mente, porque la lengua simplemente habla de lo que hay en la mente y corazón. Yeshua mismo lo dijo: “Porque de la abundancia del corazón habla la boca” – Mateo 12:34b. Usted se preguntará ¿cómo puedo controlar la mente? Pues bien, anímese, si usted es uno de los que cree en el Creador del universo, el Elohim de Abraham, Isaac y Jacob, y busca guía en las Escrituras ha aceptado el sacrificio del Mesías Yeshua como propiciación por sus pecados y diligentemente sigue la Torah, entonces, usted está en sintonía viviendo la buena vida. Además de seguir la Torah, usted debe permitirle al Ruaj HaKoddesh (Espíritu Santo) que lo guie a obtener un estilo de vida en harmonía con los Mandamientos de YHWH y que le ayude a manifestar los frutos característicos de dicho estilo de vida, los cuales son: “Amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza” – Gálatas 5:22-23. Ahora, hay muchas cosas que como creyentes en el Mesías debemos hacer para estar en conformidad con las instrucciones encontradas en la Torah, como por ejemplo: deshacernos de todos nuestros ídolos, limpiar nuestra boca de su mala manera de hablar, aprender a ser honestos, amables, y morir a todo aquello que sabemos nos separa de nuestro Mesías e impide la manifestación de esta buena vida que estamos viviendo en El. “Por tanto, desechen toda maldad, todo engaño e hipocresía, envidia y difamación” – 1Pedro 2:1 – Peshitta. La palabra “difamación” en hebreo es: Lashon Hara. Se dice que si una persona es capaz de controla la tendencia a hablar Lashon hara, puede controlar también todos los demás apetitos pecaminosos, porque la lengua es el miembro del cuerpo más difícil de controlar y es el primero que se levanta de manera pecaminosa. Así que oremos para que nuestros labios edifiquen y no destruyan, porque: “El que guarda su boca y su lengua, su alma guarda de angustias” – Proverbios 21:23.
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