Cuando la maldad entra en una comunidad, almas inocentes sufren. Por eso es que necesitamos compartir nuestra fe en el Creador con nuestros amigos, familiares y vecinos. No predicando sermones ni forzando a la gente a prestar atención, sino dando ejemplo con nuestra vida.
Satanás es el dios de este mundo, y los creyentes en el Creador están viviendo en su tierra como extranjeros. Los creyentes están en el mundo, mas no son del mundo. Son ciudadanos del Reino de YHWH. “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Mesías, al Adonai Yeshua” – Filipenses 3:20. Somos también embajadores del Reino – “Así, que, somos embajadores en el nombre del Mesías Yeshua, como si YHWH rogase por medio de nosotros; os rogamos en el nombre del Mesías: Reconciliados con Elohim” – 2Corintios 5:20. Ser embajador no es un rol pasivo, sino proactivo, vivimos dando ejemplo y compartimos las verdades espirituales que hemos aprendido. Presentes en la carne, mas no vivimos según la carne. Obedecemos las leyes establecidas, pero vamos más allá siguiendo la Torah, obedeciendo las leyes celestiales. Somos a veces tratados con irrespeto pero nos comportamos respetuosamente y bendecimos a todos los que por alguna razón entran en contacto con nosotros. A veces nos deshonran y ensucian nuestro nombre, pero nos gloriamos en saber que nuestros nombres están inscritos en el Libro de la Vida. Tenemos que vivir con el color de nuestra piel, con nuestra nacionalidad terrenal, eso no se puede cambiar, pero nadie puede impedir que nos gocemos en el conocimiento de que un día habrá un pueblo, un Rey y Señor sobre toda la tierra, que no mira color de piel ni gentilicios, solo mira que hayamos sido limpiados con la Sangre del cordero.
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