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Gota de Amor - Mayo 10/2011






“He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad” (Isaías 43:19)


Debido a nuestra débil y racional naturaleza, y a la poca misericordia que tenemos cuando de dar nuevas oportunidades a quienes nos ofenden, se trata; nos cuesta entender que Elohim de nuevo lo hará. De nuevo abrirá camino en el desierto. En Apocalipsis 12:14 vemos que es en el desierto donde el remanente será sustentado al final de los tiempos. En la Escritura, el desierto es un lugar árido, seco, vacío, un lugar donde la vida no crece ni prospera. Un lugar habitado por bestias, un lugar sin descanso. No es un lugar de paz y estabilidad. Pero el desierto no es desconocido por Elohim. Fue allí a donde llevó al pueblo después de sacarlo de Egipto, allí los sustentó, probó, pulió y formó. Hizo de ellos una nación, les dio identidad, les dio mandamientos y les dio límites y reglas que debían observar como pueblo de Elohim. En ese lugar precario, llamado desierto, lleno de inseguridad y incertidumbre, el pueblo aprendió a confiar en YHVH, a creer en Su bondad y misericordia. El desierto nos obliga a dejar de controlar y nos permite a través de sus noches oscuras, entregar el control a Elohim y confiar que de nuevo abrirá camino en el desierto y nos llevará hasta el final. Fue en el desierto donde los Israelitas conocieron a YHVH, y es en el desierto donde nosotros encontramos respuestas a nuestra necesidad, es allí donde podemos ver Su gloria, donde no nos queda más y solo con El podemos salir, porque el desierto no es nuestro destino final. Hay una tierra prometida para poseer. De nuevo YHVH abrirá camino en el desierto y llegaremos allí, en el tiempo de YHVH y a la manera de YHVH.

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