“Y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis. Y sabéis a donde voy, y sabéis el camino” (Juan 14:3-4)
El hecho que Yeshua fuera crucificado el día de la Pascua y resucitado en mismo día de los Primero Frutos, no fue un hecho perdido o ignorado por sus primeros discípulos. Ellos entendieron que Elohim establecía patrones y los patrones de redención se repiten a través de las Escrituras. El Éxodo fue un patrón de redención de Elohim, primero para los descendientes físicos de Jacob que habían estado esclavos en Egipto. Luego, es un patrón de redención para toda la humanidad por medio de la sangre del Mesías. Igual que aquellos en Egipto, nosotros, los que conocemos al Amo de Universo, hemos sido hechos libres. Libres no por nuestros propios esfuerzos, sino por la sangre del Cordero – Yeshua. Previendo nuestra libertad, hemos dejado a un lado nuestra “levadura” y estamos listos para viajar. No queremos quedarnos en el lugar de nuestra esclavitud – pecado. Como los hijos de Israel en Egipto, y como verdaderos creyentes que hemos sido salvos por gracia a través de la fe, iniciamos nuestro viaje. Conocemos nuestro destino – vamos al encuentro de nuestro Adonai, para adorarlo y tener comunión con El. Nuestro equipaje, lo que se nos permite llevar, esta empacado y debemos salir rápidamente. La libertad nos espera, pero el llamado de nuestro Amo es más apremiante. Estamos ansiosos por conocerlo mejor.