Algunos señalan que el pecado de Nadab y Abiú fue que tomaron vino antes del sacrificio y por consiguiente no discernieron entre lo santo y lo profano y ofrecieron fuego extraño a YHVH. Lo deducen de las palabras de Moisés a Aarón después de la muerte de sus hijos
-- “Tu, y tus hijos contigo, no beberéis vino ni sidra cuando entréis en el tabernáculo de reunión, para que no muráis; estatuto perpetuo será para vuestras generaciones, para poder discernir entre lo santo y lo profano, y entre lo inmundo y lo limpio” – Levítico 10:9-10. Igualmente hoy hay gente que cree que puede adorar y seguir a Elohim a su manera, que se inventan formas y reglas que El no mandado, que pueden quitarle o añadirle a la Torah. Lo que usted y yo creamos es peligroso si no es conforme a la Torah. Nuestra vida es como una vasija de barro, nosotros podemos adornarla como queramos, pero el asunto es ¿qué contiene esa vasija, qué hay dentro de nuestra vida? Cuentan la historia de un violinista que decía: “Si dejo de practicar un día, yo lo sé. Si dejo de practicar dos días, mis colegas lo saben. Si dejo de practicar tres días, la audiencia en el concierto lo sabrá”. Podemos dar la apariencia de ser vasijas dignas de ser usadas por HaShem, pero si esa no es la realidad y no vivimos una vida en constante comunión con El, en obediencia; pronto nuestros amigos más cercanos lo sabrán y eventualmente todos verán lo que realmente somos. Es nuestra responsabilidad glorificar a Elohim con el contenido de nuestra vida. Debemos adorarlo y acercarnos a El de la forma como El lo ha estipulado y no quitarle ni añadirle a Su Torah. No podemos hacer las cosas como queramos, somos responsables ante YHVH por todas nuestras acciones.
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