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Gota de Amor - Julio 22/2011

“Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a sus mujer, y los dos serán una sola carne.  Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto del Mesías y de la iglesia” (Efesios 5:31-32)


Aquí Pablo hace una analogía entre una boda y el Mesías y Su Esposa.  No podemos entender este misterio si lo miramos desde la perspectiva de una boda occidental hoy en día.  La mayoría piensa que un matrimonio es la relación que empieza después de la boda, pero no era así en el antiguo Israel.

En el siglo primero, el matrimonio consistía de tres partes, siendo la boda el evento final que daba inicio a la última fase del matrimonio.  El primer paso era el acuerdo conocido como “shiddukhin”, luego seguía el compromiso matrimonial o “kidushin”, y por último era la ceremonia o boda, llamada “huppah”.  Todo hijo(a) nacía para casarse y por ende desde la infancia aprendía el significado del pacto matrimonial, sus bendiciones, sus cargas y por supuesto, sus responsabilidades.  Como los hijos estaban bajo la completa autoridad del sus padres, los arreglos eran hechos por el padre.  La historia de Abraham, Isaac y Eliezer es un ejemplo clásico de un shiddukhin.  Era la responsabilidad del padre elegir la novia para su hijo, pero a veces no era posible que el padre fuera personalmente, entonces delegaba esa responsabilidad a un representante que llegaba a ser conocido como el “shadkhan” o casamentero, que permanecía con la joven para protegerla y guiarla en su viaje a encontrarse con el novio.  Para el primer siglo la costumbre había cambiado y cuando el joven alcanzaba la edad de casamiento, viajaba a la tierra de la joven con quien quería casarse y quien el padre había escogido y hacía los arreglos con el padre de la novia sobre el precio que debía pagar por la novia.  El precio de la novia, “mohar” debía ser costoso para que el joven mostrara su amor y disponibilidad de sacrificarse por su elegida.  También se negociaba el contenido del “Ketubah” o pacto matrimonial escrito, el cual estipulaba entre otras cosas, sus promesas al padre de la novia de protegerla y guardarla.  Una vez acordado el precio y el aceptado el Ketubah, el novio podía acercarse a la novia con su propuesta.  La propuesta se hacía con una copa de vino.  El joven tomaba de ella y luego la entregaba a la joven quien para aceptar la propuesta, tomaba la copa y bebía del vino comprometiéndose así con él.  En ese momento, el compromiso matrimonial es establecido y los jóvenes están legalmente comprometidos.  A partir de ese momento, la novia es declarada “kaddosh” o separada exclusivamente para el novio.   Continua

 

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