“Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz” (Juan 18:37)
Solo Yahshua tiene la autoridad para definir que es la verdad, y todo aquel que esté interesado en conocerla eventualmente tendrá que venir a El. Jeremías 17:9 dice que el corazón del hombre es engañoso y perverso. La historia de la humanidad es una prueba contundente de que hay un Ser infinito, sabio y omnipotente en control, pero el interés propio y el deseo de proteger la reputación hace que la gente cambie la percepción de cosas que han sucedido, hasta el punto de llamar a lo malo bueno y a lo bueno malo. El centro del interés propio es el orgullo. A nadie le gusta admitir nada que apoque su reputación a los ojos de los demás. Encontramos este fenómeno en todas las esferas de la sociedad y desafortunadamente el pueblo de Dios no está excepto. Por eso vemos a muchos justificar su comportamiento bajo conceptos de verdad completamente tergiversados. El orgullo, la auto-protección y el temor de perder la reputación o no ser aceptados, hace que nuestro corazón albergue motivos no santos de comportamiento que comprometen la verdad que hemos conocido a través del Mesías. Yahshua es la Verdad y todo aquel que lo ama, lo escucha y le permite exponer todo lo que haya en el corazón que no es compatible con la Verdad.
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