“Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre… Levántate, ve por la tierra a lo largo de ella y a su ancho; porque a ti la daré” (Génesis 13:15-17)
YHVH llamó a Abram para formar de él un pueblo separado a través del cual revelaría al mundo Su plan de salvación. Esto es fácil de entender. Lo que es no muy obvio, es, ¿por qué Elohim desde el comienzo, separa un pedazo de tierra, muy pequeño, para usarlo como escenario sobre el cual llevaría a cabo su drama? Más sorprendente aún, ¿por qué movió a la descendencia de Abraham dentro y fuera de ese pedazo de tierra, como piezas de ajedrez, durante siglos, si ese lugar iba a ser de ellos como posesión permanente? Ese pedazo de tierra tiene que representar algo más fundamental y de enorme importancia en la vida espiritual de la humanidad. La clave para entender lo que la Tierra Prometida significa, está en la historia del Éxodo. Después de pasar cientos de años esclavos en tierra extraña, Israel es liberado de la esclavitud, de forma milagrosa y guiado hacia su futuro hogar. A Canaán, la misma tierra prometida su padre Abraham. Los israelitas habían sido esclavos, ahora debían ser guerreros. Cambiar a Egipto por Israel – la tierra prometida – ha sido metafórico de algo que todos experimentamos. De la esclavitud del mundo, viviendo esclavos del pecado a la tierra prometida. Allí hay gigantes, enemigos por doquier, sin embargo, es la tierra que fluye leche y miel. Para quien no esté preparado confiando en YHVH completamente, es como “la tierra que devora a sus habitantes”. La Tierra Prometida representa la vida que debe enfrentar todo creyente. Es una tierra totalmente diferente al lugar que dejamos. Aquí ya no somos más esclavos. Debemos dejar las cadenas atrás. Nuestro emancipador nos ha hecho maravillosas promesas, algunas podemos visualizarlas en nuestra mente, otras son demasiado maravillosas para comprenderlas con nuestra mente humana. ¡Shabbat Shalom ¡
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