“Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones” (Mateo 28:19)
La misión que el Mesías le encargó a los apóstoles fue de ir y hacer discípulos, no convertidos. Es decir, no es: llevarlos a repetir una oración que supuestamente los hace automáticamente hijos de Dios; no es darles un curso de las Escrituras, no es, enseñarles a hacer devocionales, no es animarlos a leer las Escrituras diariamente, etc., El discipulado era una institución bien arraigada en la cultura hebrea, todos los sagas tenían discípulos, cuando el Mesías llegó, el concepto era bien claro y quien seguía a un maestro sabía que debía dejarlo todo. Lucas 6:40 — “El discípulo no es superior a su maestro; mas todo el que fuere perfeccionado, será como su maestro” — Esta es la esencia del discipulado. El discipulado es el arte de la imitación. No es memorizar Torah ni aprender doctrina, es vivir la vida del maestro. El discípulo debe ser una copia del maestro. El discípulo debía dejar su casa, su familia, se mudaba a vivir con el maestro y debía aprender todo sobre el maestro. Como interpretaba la Torah, la forma como emitía juicios y conceptos, como vestía, que comía, como se relacionaba con los demás, por eso Pablo se atrevió a decir: — “Sed imitadores de mí, así como yo del Mesías”. Shalom
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