“¿Es tal el ayuno que yo escogí, que de día aflija el hombre su alma, que incline su cabeza como junto, y haga cama de cilicio y de ceniza? ¿Llamaréis esto ayuno, y día agradable a YHVH?” (Isaías 58:5)
Ayunar es una disciplina buena y valiosa cuando el corazón está en tono con YHVH, es una forma maravillosa de centrar nuestra atención en El. Ayunar agudiza nuestra intercesión y nos hace más consientes y sensibles a Su voz al enfocar nuestra mente y corazón en nuestra comunión con El, aun las Escrituras se hacen más claras y cobran vida. Pero ayunar por motivaciones incorrectas y como efectuando cualquier otro acto religioso solo para lucir piadoso ante los demás cuando en realidad es todo lo contrario, le rompe el corazón al Padre Celestial. Yeshua fue duro con los fariseos que hacían de su religión un espectáculo, pero cuyo corazón estaba a millas de tener una relación con YHVH. Las manifestaciones externas de piedad necesariamente no revelan el corazón del hombre, nos hemos vuelto tanteadores de superficies y no nos damos cuenta que nos estamos quedando cortos en manifestar el amor, compasión, misericordia y todos los demás frutos del Espíritu que como hijos de Elohim debemos manifestar, por enfocarnos en actos religiosos que hieden ante la presencia del Padre Eterno. Seguir los mandamientos de Elohim no es ser religioso, es ser como Yeshua.
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