“Mis ojos están siempre hacia YHVH, porque El saca mis pies de la red” (Salmo 25:15)
No hay trampa que el enemigo pueda tendernos de las que YHVH no pueda librarnos. Sin embargo, la liberación requiere que miremos a Él, no a hombre alguno ni al sistema. No se puede vivir en este mundo sin tener dificultades. Cuando Yahushua caminó por la tierra, sufrió continuos ataques de sus enemigos. Constantemente estaban tratando de atraparlo, desacreditarlo e incluso matarlo. Podemos mirar su vida y pensar que nunca tuvo paz, pero de hecho nunca estuvo sin paz. Él es el Príncipe de Paz, y la paz no podía serle arrebatada por las pruebas. Tampoco la paz que Él nos ha dado puede sernos arrebatada por las pruebas, a menos que nos rindamos. El objetivo de la vida del creyente es ser parte del Reino de YHVH, y ser embajadores de este reino que un día será establecido en la tierra. Todos los días debemos levantarnos seguros de que podemos vivir en el reino donde la paz ya está disponible y está más allá de la comprensión de aquellos que simplemente viven con sus objetivos fijos en esta tierra.
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