“No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente” (Lucas 15:13)
El hijo prodigo reclamó su herencia convencido que al hacerlo encontraría la verdadera felicidad en la búsqueda de los atractivos del mundo. Pero finalmente su estilo de vida lo llevo a la forma más baja de servidumbre; alimentar cerdos. Ahora estaba separado de su padre, sin esperanza porque ni las algarrobas de los cerdos le permitían comer. Hay un dicho hebreo que dice: “cuando a un judío solo le queda un algarrobo, se arrepiente”, en otras palabras: “La situación extrema del hombre, es la oportunidad de YHVH”. Finalmente el hijo pródigo regresa a casa y su padre en un acto de misericordia recibe a su hijo, lo besa y se reconcilia con él. La parábola refleja la naturaleza de YHVH, su amor y compasión y la forma como las personas responden. Cada uno de nosotros tenemos el desafío de considerar que tipo de hijo somos para EL y como podemos alcanzar una relación restauradora con el Padre, sin importar cuales hayan sido nuestros antecedentes.
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