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Escrito por Rocio Salazar
“Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despójemonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante” (Hebreos 12:1-2)
En los antiguos juegos olímpicos de Grecia, solo se corría una carrera. El ganador no era el atleta que llegaba primero, sino el que llegaba con su antorcha encendida. Hay momentos en nuestra vida cuando sentimos que no somos capaces de continuar en la carrera. Esos son precisamente los momentos que el enemigo aprovecha para asaltarnos con pensamientos negativos, haciéndonos creer que todo está perdido, que no lograremos salir adelante de la situación, y empezamos a pensar en claudicar. Pero, este es el momento cuando debemos aferrarnos a las promesas del Padre, El ha prometido: “... no te dejaré, ni te desampararé” – Josué 1:5. Pablo dijo: “No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos” – Gálatas 6:9. Dejemos que las promesas de YHVH nos fortalezcan en cada circunstancia para que podamos seguir la carrera, no para terminar primero, sino para correr juntos, apoyándonos, y con nuestra antorcha encendida llegar a la linea final.