“Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo” (Lucas 14:33)
Discípulo en hebreo es = Limud Limud = Instruido, entrenado, acostumbrado — Pablo lo explica así: “… los que han alcanzado madurez… los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y el mal” — Hebreos 5:14. O sea, que el discípulo es el que ha adquirido madurez, está acostumbrado, a la vida con el Maestro, a actuar, vivir, pensar, como el Maestro. A caminar con el Maestro, a darlo todo, a renunciar a todo a respirar por el Maestro. El discípulo no tiene voluntad, se la ha entregado al Maestro, esta rendido al Maestro. Su vida solo tienen sentido haciendo la voluntad del Maestro. El discípulo sabe que el éxito de su vida como discípulo está en ser UNO con el Maestro, que es esta adherencia lo que lo hace libre del sistema, libre de él mismo. Libre para servir al Maestro como El lo desee. Seguir al Maestro es una auto-renuncia a uno mismo y una absoluta adherencia a El, así, que, pretender hacer nuestra voluntad cuando andamos en este camino, automáticamente nos corta esta comunión y nos separa de nuestro objetivo, llevándonos a experimentar el mismo infierno, como si cambiáramos al igual que Esau, nuestra eterna gloria por un pote de lentejas. “Ven y sígueme” — Mateo 19:21
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