Los restauradores de pinturas algunas veces experimentan la emoción de descubrir que hay una segunda pintura debajo de la que intentan restaurar. La pintura original ha sido cubierta y oculta a la vista por muchos años. Nuestras vidas pueden ser algo así algunas veces.
Tenemos nuestro verdadero yo, oculto, cubierto con máscaras. Es como un mueble al que en vez de lijar para volver a pintar, le ponemos capa tras capa de pintura y al final aunque se vea bonito, no tiene un color original. Necesitamos del amor del Padre y la obra Su Ruaj Hakoddesh (Espíritu Santo) no solo para restaurarnos, sino también para mostrarnos que tenemos capa tras capa de pintura. Máscaras que necesitan ser removidas, cosas del pasado que necesitan ser resueltas, temores creados por experiencias que preferimos ignorar en vez de tratar, inseguridades causadas por palabras ofensivas o despreciativas que no nos permiten entender el amor de YHVH. Hay actitudes que necesitan ser confrontadas para descubrir su verdadera raíz. Cosas que hacemos y no nos agradan, pero que ya la máscara está tan pegada, que es casi imposible de remover, pero si le permitimos al Padre Celestial, el pintor universal, restaurarnos, podremos finalmente mostrar nuestra verdadera imagen, creada según YHVH.
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