Uno de los primeros actos de Adonai en la creación fue algo muy bueno. Creo la luz y la separó de las tinieblas. Esta fue una de las primeras manifestaciones del Mesías a nuestro mundo.
Juan 1:1 y 3-4 dice: “En el principio era el verbo, y el verbo era con Elohim... todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres”. Al igual que antes de que la luz fuera hecha el mundo estaba en caos, nuestra vida antes del Mesías estaba en oscuridad. Esta luz era vida y era necesaria para que el resto de la creación floreciera. Y al igual que las plantas necesitan luz para crecer, fortalecerse y florecer, nosotros necesitamos estar expuestos constantemente a la luz de Adonai, no solo para vivir sino también para crecer y florecer. En Juan 8:12 nuestro Rabino Yeshua nos enseña que “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”. En el tabernáculo el Menorah era tan importante que fue llamado “Or HaOlam” – “La Luz del Mundo”. En Juan 8:12 Yeshua nos enseña que él es la luz del mundo – “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”. Yeshua es nuestro Or HaOlam que no solo nos da vida sino que ilumina nuestro camino para no andar en tinieblas. Juan 1:7-9 nos dice que Juan el Bautista vino para dar testimonio de la luz – “él no era la luz, sino para que diese testimonio de la luz. Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo”. Nosotros igual debemos dar testimonio de la luz. El mundo cristiano está más interesado en presentar al Mesías como el sanador, y se les olvida que si la luz del mundo, nuestro “Or HaOlam” ilumina la vida de todo aquel que está en tinieblas, vidas serán iluminadas y por ende, cuerpos serán sanados. Yeshua es la verdadera luz que vino a este mundo, la misma luz que dio vida a la creación.
Hay 20 invitados y ningún miembro en línea