No todos los días son iguales, unos son apacibles y tranquilos, otros son un poco difíciles, pero no hay día malo. Aquellos que traen consigo una nota de adversidad, no son más que carrozas de Dios portadoras de elementos de madurez que nos ayudan a ejercitar nuestra fe en nuestro Padre Celestial. Dios dijo que habría días como este, y también dijo que con El seriamos mas que vencedores. La vida es un campo de entrenamiento donde pasamos los primeros años aprendiendo teoría y luego tenemos la práctica. Si desde niños aprendemos a confiar en Dios, luego maduros podemos poner en practica esa confianza.
En el mundo tendréis aflicción, pero confiad, yo he vencido al mundo. (Juan 16:33)