Desde que el hombre se apartó de Dios, existe la injusticia. El hombre explota física y emocionalmente, roba, abusa, pisotea a sus semejantes y cuando tiene poder, pero no tiene temor de Dios, usa ese poder para oprimir en vez de bendecir. ¿Eres víctima de uno de ellos? No te preocupes que cuando el hombre cierra una puerta, Dios abre una carpa. Deja todo en las manos de Dios, Él se encargará de hacerte justicia y hará que tus opresores cosechen de lo que han sembrado. Recuerda que cuando tu vida está en Dios, todo obra para bien, hay propósitos divinos aun en el dolor.
Los justos y sus obras están en la mano de Dios – (Eclesiastés 9:1)