EL CHIVO EXPIATORIO
“La mujer que me diste por compañera me dio de ese fruto y yo comí. Entonces YHVH le preguntó a la mujer: ¿qué es lo que has hecho? La serpiente me engañó y comí – contestó ella”
(Génesis 3:12-13)
Desde inicios de la humanidad, el hombre ha buscado un “chivo expiatorio” a quien culpar de sus problemas. El hombre dijo que la culpa era de la mujer que YHVH le había dado por esposa. La mujer dijo que era culpa de la serpiente. En resumen, YHVH le dio la mujer a Adán y fue quien puso a la serpiente en el Edén, conclusión la culpa es de YHVH.
Las tres depravaciones principales causadas por la caída fueron: 1. Egocentrismo – 2. Esconderse – 3. Culpar a otro.
Cuando alguien peca, generalmente sigue estos mismos pasos. Primero se vuelve egocéntrico, lo que hace que intente esconderse y por ende, culpa a otros de sus problemas e inventa excusas. Pero YHVH no perdona excusas, EL perdona el pecado. EL siempre está dispuesto a perdonarnos si nos arrepentimos. Arrepentirse es reconocer que la culpa es nuestra, que cometimos un error, que quebrantamos la Torá. El culpar a otros, es crear una barrera entre YHVH y nosotros, y entre los hermanos y nosotros. Se necesita humildad para reconocer que nos equivocamos, pero YHVH le da gracia a los humildes. La humildad genuina nos lleva al verdadero arrepentimiento.
Podemos culpar de nuestros errores a otras personas o a nuestro entorno, pero el culpar a otros no nos libra de las consecuencias de esos errores. No hay arrepentimiento genuino, hasta que aceptemos nuestra responsabilidad. Ahora, el entorno no es el problema. YHVH puso al hombre en un entorno perfecto y aún así pecó. Si el entorno fuera el problema, entonces YHVH solo tendría que redimir el entorno y no al hombre. Pero YHVH le dio autoridad al hombre sobre el entorno. Cuando el hombre es redimido, puede relacionarse adecuadamente y cambiar su entorno. Es cuestión de poner al caballo delante del carruaje no al revés.
Shalom