En la antigüedad la edad madura representaba una vida llena de Torah, de mandamientos, de conocimiento y de sabiduría. Así, que, son la olivas maduras las que producen el aceite más puro y fino.
Las olivas jóvenes, inmaduras no podían proveer esta calidad de aceite; ni aún las demasiado maduras, aunque crecieran juntas año tras año, de estación en estación compartiendo la lluvia, el viento y el sol. Igualmente nosotros, día a día recibimos instrucción, Torah, pero no todos crecemos igualmente. ¿Por qué unos crecen y otros no? Simplemente, tiene que ver con el lugar donde están las olivas. Israel vivía en el desierto, ¿dónde iban a encontrar las mejores olivas? ¿En el desierto? Los olivos viven hasta 700 años, crecen en terreno rocoso y difícil, necesitan poco agua y un solo olivo puede producir hasta veinte galones de aceite. Disfrutan de las noches frías y del viento. El problema con muchos hoy, es que quieren vivir en terreno liso, fácil, sin dificultades, con todo lo necesario a la mano, y tales condiciones no producen crecimiento sino pereza y auto-complacencia. Si nuestra vida no es machacada como las olivas, es muy difícil que el verdadero carácter salga a la luz y sea pulido, es muy difícil que brille en nosotros el aceite puro del Ruaj para que otros sean iluminados y guiados al verdadero Camino.