Los reflejos en el agua tranquila son una maravilla de la naturaleza. La cantidad de colores y detalles que se reflejan, son un espectáculo digno de observar. La Escritura nos dice que el corazón del hombre, refleja al hombre. Refleja la verdadera persona. Es desde el centro del corazón que vivimos la vida.
Nuestras decisiones, emociones y comportamiento se originan en nuestro corazón. O sea que lo que está pasando en nuestro corazón, se evidencia en nuestra vida. Esta es una verdad que tal vez no nos guste. Las actitudes, creencias, resentimientos, disgustos, ira, temores, arrogancia, son unos cuantos ejemplos de lo que podemos albergar en nuestro corazón y que no queremos que los demás vean, presentamos una imagen diferente a lo que realmente hay en nuestro interior, y no nos damos cuenta que la gente muchas veces puede ver a través de la máscara que nos ponemos. Tal vez no vean todos los detalles del reflejo, pero si la esencia de lo que albergamos. Debemos ir a nuestro amado Padre quien nos sana y restaura hasta lo más profundo del corazón. Que revele lo que tratamos de esconder y nos ayude a tratar con la raíz del asunto. Y una vez sanos, debemos ser transparentes, abiertos para que los demás puedan ver el reflejo de Yeshua en nosotros.