Estas palabras son parte de la oración de Yeshua por sus discípulos. El oró que fuéramos guardados del mal, que fuéramos santificados, es decir separados. Si de verdad queremos ser discípulos de Yeshua, necesitamos conocer la verdad y obedecerla. Una vez en Yeshua, nuestros parámetros cambian, aunque estemos en el mundo, no podemos vivir bajo sus parámetros porque
ya pertenecemos al Reino de la luz donde hay parámetros diferentes, la Torah. Puede ser difícil porque el mundo está lleno de cosas que apelan a nuestra vieja naturaleza. Constantemente a través de los medios, se nos recuerda nuestra naturaleza caída, y si no estamos firmes en Yeshua, podemos sucumbir al materialismo y depravaciones de las que está lleno el mundo o sistema. Necesitamos vigilar constantemente nuestros linderos. Las cosas del mundo son muy tentadoras y podemos ser arrastrados fácilmente, y sin darnos cuenta estar enfocados más en nosotros, nuestros gustos e indulgencias, que en nuestro verdadero destino y llamado. No todo es malo y Elohim nos conciente con deleites de vez en cuando, es cuando esas cosas se convierten en nuestro estilo de vida robándonos la bendición, lo que realmente nos daña, cuando nuestros deseos se convierten en necesidades y nuestro placer es más importante que la verdadera necesidad.