Con frecuencia es un sacrificio para nosotros cuando nos encontramos atribulados, abrir nuestra boca y ofrecer alabanza a Elohim. También lo es, cuando sufrimos persecución por nuestra fe, pero Yeshua ha prometido ayudarnos, y así es como empezamos a levantarnos en alabanza. La alabanza es un arma poderosa que podemos mantener en nuestro corazón lista para ser usada cuando necesitamos ahuyentar los poderes de las tinieblas y mostrarle al mundo que Su Alabanza es gloriosa – “Cantad la gloria de su Nombre; poned gloria en Su alabanza” – Salmo 66:2. Pero, es solo después que hemos estado humillados ante El, a Sus pies, que verdaderamente podemos levantarnos en alabanza. Es solo después que hemos reconocido Su señorío en nuestras vidas, que hemos admitido lo impotentes que somos sin El, que hemos entendido que Su camino es el único que nos lleva a Su presencia y nos revela Su gloria, que podemos rendir nuestro corazón como un sacrificio de alabanza a El. Nuestra alabanza y adoración debe ser santa, separada para El y a medida que alabamos, es bueno recordar que nuestro Amado se goza en nosotros – “Yaweh está en medio de ti, poderoso, él salvará; se gozará sobre ti con alegría, callará de amor, se regocijará sobre ti con cántico” – Sofonías 3:17. ¡Es Tabernáculos, tiempo de regocijo y alabanza!