Gota de Amor - Septiembre 26/2010

Escrito por Rocio Salazar











“Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Elohim un edificio, una casa no hecha de manos eternas, en los cielos” (2Corintios 5:1)


Sabemos que Sukkot (Tabernáculos) se celebra para conmemorar los 40 años del pueblo de Israel en el desierto y para celebrar la cosecha de los frutos, pero más allá de todo significado físico, Sukkot nos recuerda lo frágil que es nuestra vida. Llega para reforzar la verdad de que somos temporales. La fragilidad de la Sukkah nos recuerda la verdad de nuestra habitación terrenal. Vivimos en la tierra y creemos que es roca. Nuestra vida es tan breve, pero nos aferramos a ella y como si fuéramos a permanecer aquí para siempre, no nos preparamos para esa morada eterna, esa Sukkah no hecha de manos humanas donde el Eterno Elohim la sostiene con Su amor. Sukkot es la fiesta que refuerza nuestra mortalidad. Así como, el deambular por el desierto es un paralelo a nuestro deambular por el mundo, y la cosecha de los frutos es un paralelo con la cosecha del mundo, la Sukkah (tabernáculo) es paralelo de nuestro verdadero destino. Los rabinos llaman a Sukkot; “zman simchateinu” = tiempo de gozo. El aceptar que somos mortales y que nuestra fuente es más allá de la mortalidad, es un verdadero gozo. No fuimos hechos solo para este mundo, hay algo más allá, más trascendente, un día será nuestra herencia.