Gota de Amor - Octubre 2672010

Escrito por Rocio Salazar

“Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales… Y Yaweh Elohim hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió” (Génesis 3:7 y 21)


Desde el principio el hombre siempre ha buscado, no solo, un chivo expiatorio para justificar sus acciones, sino que se las ha ingeniado para cubrirse con lo que se le atraviese y que le parezca más cómodo.  Cuando Elohim le pregunta al hombre si había comido del árbol que le había ordenado no comer, la respuesta del hombre prácticamente fue haciendo responsable a Elohim de todo

– “la mujer que me diste por compañera, me dio del árbol, y yo comí” – es decir, si no me hubieras dado una mujer seguro no habría desobedecido.  Conclusión: la culpa es de Elohim.  Cuando interroga a la mujer, la respuesta fue: -- “la serpiente me engaño y comí” – es decir, si no hubieras creado la serpiente, nadie me habría engañado.  Conclusión: la culpa es de Elohim.  Pero de todo, lo más triste, fue la forma como Adán y su mujer cubrieron su desnudes.  Se hicieron delantales de hojas de higuera.  La Torah usa la palabra “ceñidores”. En Hebreo – Khaw-gar = cinturón o armadura.  Se inventaron como medio cubrirse, con hojas de higuera, se armaron de su propia justificación.  Pero Elohim viene y le muestra al hombre que solo Él puede cubrir su desnudez.  Le pone vestiduras de pieles y lo cubre completamente.  La palabra vestir en hebreo es – law-bash = poner vestiduras – envolver – rodear – poner un manto – “En gran manera me gozare en Yaweh, mi alma se alegrará en mi Elohim; porque me vistió con vestiduras de salvación, me rodeo de manto de justicia...” – Isaías 61:10.  Para Elohim hacer vestiduras de piel, tuvo que sacrificar un cordero, el único cordero que cubre el pecado del mundo, Yeshua.  Hoy en día estamos llenos de delantales o ceñidores de hojas de higuera, la iglesia ha perdido la vestidura de piel que Elohim le puso antes de sacarlo del Edén.  “Echaran mano de un hombre siete mujeres en aquel tiempo, diciendo: nosotras comeremos nuestro pan, y nos vestiremos de nuestras ropas, solamente permítenos llevar tu nombre, quita nuestro oprobio” – Isaías 4:1.  El pueblo ahora come su propia doctrina, se inventan sus propias reglas, y siguen vistiéndose con sus hojas de higuera, y aunque quieren el nombre, ni siquiera llevan el verdadero. “Volveos a mi reprensión; he aquí yo derramaré mi Ruaj sobre vosotros, y os haré saber mis palabras” – Proverbios 1:23.