Gota de Amor - Diciembre 1

Escrito por Rocio Salazar

“Dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santo en luz, el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de Su amado Hijo” (Colosenses 1:12-13)


Al comienzo Elohim le confió a Adán (varón y hembra) el dominio y gobierno de todos los seres vivientes que había creado.  Antes de que el hombre comiera del Árbol del conocimiento del bien y del mal, estaba unido a Yaweh y solo era consciente de Elohim.

La naturaleza espiritual de Adán era como Elohim, vivía bajo su dominio y expresaba Su paz, gozo y justicia.  El Reino de Elohim estaba siendo manifestado en la tierra así como era manifestado en el cielo.  Pero después que Adán y Eva abrieron los ojos por su desobediencia, al otro mundo que estaba presente en el jardín, empezaron a expresar la naturaleza de dicho reino.  La autoridad que regía, Lucifer, sedujo a Eva y a Adán a través de Eva.  Ellos creyeron la mentira que podían llegar a ser como Elohim, si comían del árbol prohibido.  Después de hacerlo, el Espíritu de Elohim abandonó sus corazones y ellos empezaron a ser conscientes de su ser exterior (desnudes – conscientes de ellos mismos).  Sus almas ahora empezaron a alimentarse del reino de las tinieblas y llevaron la naturaleza del “bien y del mal a dar de sus frutos.  En la Torah y a través del Brit Hadasha (Nuevo Testamento) vemos a Yaweh continuamente descubriendo la naturaleza de este reino.  Es muy importante que nosotros, como el remanente de Israel, entendamos la naturaleza de este fruto venenoso.  La ignorancia no nos salva de las consecuencias de participar de este reino, el cual es el “poder del pecado”, más aún cuando sabemos que a través del Mesías hemos sido hechos libres de él, y trasladados al reino de la luz y la justicia.  Yaweh envió a su amado Hijo, el Mesías Yeshua a destruir el reino de las tinieblas y sus obras.  Profesar creer en el Mesías y seguir participando de las obras de las tinieblas, acarrea sobre nosotros el juicio de Elohim.