Esta conversación fue entre Yeshua y Nicodemo – “Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos” – Juan 3:1. Nicodemo no era un hombre común y corriente. Ser fariseo significaba que a la edad de 20 años sabía la Torah de memoria, además era un principal entre los judíos.
Los fariseos en la época de Yeshua habían usurpado la “silla de Moisés”, es decir: el derecho que tenía el sacerdote de ensañar la Torah, y habían añadido cientos de “halaka”, leyes rabínicas y tradición oral a las que daban más importancia que a la Torah. Yeshua le contesta a Nicodemo citándole un principio rabínico que dice que; “un prosélito es como un niño recién nacido”. Por eso cuando Nicodemo le pregunta ¿cómo puede ser eso? La respuesta de Yeshua es clara -- ¿Eres maestro de Israel y no lo sabes? Como maestro de Israel, debía conocer el principio. Luego Yeshua prosigue diciéndole que debe nacer de agua y del Espíritu, haciendo referencia al pasaje de Ezequiel 36:24-26 – “Y yo os tomaré de las naciones, y os recogeré de todas las tierras, y os traeré a vuestro país. Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. Os daré un corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra”. Como maestro de Israel, Nicodemo también debía conocer esta Escritura. Para entrar al Reino hay que estar limpio del sistema y sus ídolos, y hay que vivir la renovación del corazón donde la Torah de Elohim está escrita en nuestro corazón para mostrarnos el camino. “He aquí que vienen días, dice Elohim, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y la casa de Judá… Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Elohim: Daré mi Torah en su mente, y la escribirá en su corazón, y yo seré a ellos por Elohim, y ellos me serán por pueblo” – Jeremías 31:31 y 33. Este es el nuevo nacimiento, este es el nuevo pacto. La Torah es la misma, lo que cambia es el corazón del hombre.