Los creyentes del Nuevo Testamento no pensaban que la religión era solo para los días de reposo o para lo que hoy en día llaman la “la casa de Dios”. ¿Necesita Dios dicha casa? El que hizo los cielos y la tierra no habita en templos hechos de manos humanas.
Ninguna casa o templo debajo del cielo es más santo o kaddosh (separado), que el lugar donde el creyente vive, come, duerme y alaba a YHWH en todo lo que hace. No hay mejor adoración que la ofrecida por familias separadas, santas, y temerosas de Elohim. Sacrificar la adoración del hogar por la adoración pública es la más malvada manera de actuar. La devoción de mañana y noche en el hogar es más aceptable a los ojos de YHWH que toda la pompa de una catedral o templo, lo cual solo deleita el ojo y oído humano. Todo hogar de un verdadero creyente es un templo, y como tal, es competente para la ejecución de cualquier función de adoración divina. ¿No somos todos sacerdotes? ¿Por qué necesitaríamos llamar a otros para que hicieran un espectáculo de la devoción, adoración? Todo hombre debe ser sacerdote de su propio hogar. ¿No son todos ustedes reyes, si de verdad aman a nuestro Adonai? Entonces, hagan de sus hogares palacios de gozo y templos santos, lugares separados. Una de las razones porque la congregación primitiva era tan bendecida, es porque sus miembros tenían hogares de adoración. – De C.H. Spurgeon. “Se acordarán, y se volverán a YHWH todos los confines de la tierra, y todas las familias de las naciones adorarán delante de ti. Porque de YHWH es el reino, y él regirá las naciones” – Salmo 22:27-28.