Gota de Amor - Mayo 5/2011

Escrito por Rocio Salazar





“Y estando juntos, le mando que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oíste de mi” (Hechos 1:4)


Cuarenta días había pasado Yeshua con sus discípulos después de su resurrección. Fueron cuarenta días en los cuales confirmo la Torah en ellos, les recordó sus enseñanzas sobre el Reino y por supuesto le encomendó lo que el mundo cristiano llama “la gran comisión” de ir y predicar las buenas noticias de salvación, no sin antes pedirles que no se movieran de Jerusalén hasta que fueran equipados con el Ruaj HaKoddesh, para la labor asignada. Les pidió que esperasen la “promesa del Padre”. ¿Cuál era la promesa del Padre? “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre del Mesías Yeshua para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Ruaj HaKoddesh. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Adonai nuestro Elohim llamare” – Hechos 2:38-39. El Ruaj HaKoddesh es la promesa del Padre. El prometió no abandonarnos ni desampararnos, El prometió que su presencia estaría siempre en medio nuestro, así como la columna de nube y la columna de fuego acompañaron a Israel durante su viaje por el desierto. Hebreos 11:27 dice que: “por la fe (Moisés) dejó a Egipto, no temiendo la ira del rey; porque se sostuvo como viendo al Invisible”. Por la fe nosotros esperamos el regreso de nuestro amado Mesías, sostenidos por el Ruaj, en medio de un mundo en caos.