“Y dirás a Faraón: YHVH ha dicho así: Israel es mi hijo, mi primogénito. Ya te he dicho que dejes ir a mi hijo, para que me sirva…” (Éxodo 4:22-23)
Durante su encuentro con YHVH en la llama ardiente, Moisés recibió órdenes de marchar. Debía ir a Egipto, hablar con el Faraón, y seguir las instrucciones de YHVH para provocar los eventos que finalmente sacarían al pueblo de YHVH de Egipto. Debía informarle a Faraón que Israel era el primogénito de YHVH. Pero, ¿cómo podían unos simples esclavos, ser llamados el Primogénito de YHVH? Según las Escrituras, el Primogénito recibía el derecho espiritual y la bendición. También sería el heredero de las posesiones del Padre. Al elevar a un montón de esclavos a la posición de Primogénito, YHVH muestra de nuevo como El toma al humilde y lo transforma con su poder. Aún la “gran multitud de toda clase de gentes” que salió con ellos de Egipto (Éxodo 12:38), adoptados en las tribus, son identificados como el Primogénito, como Israel. Cuando creemos que YHVH es Elohim, que Yeshua es nuestro redentor y Moisés el siervo de YHVH que nos guía fuera de la tierra de servidumbre a través de la Torah, también llegamos a ser parte de Su primogénito. Nuestro titulo de Primogénito no tiene nada que ver con derecho de nacimiento físico, sino con un nacer de nuevo espiritualmente. Israel está formado de todos aquellos que “prevalecen” con Elohim. Ser hijo de YHVH no tiene nada que ver con la línea consanguínea de nuestros padres, es concedido por el mérito de la sangre de nuestro Mesías Yeshua.
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