Gota de Amor - Agosto 7/2011

Escrito por Rocio Salazar

“Viendo la multitud, subió al monte; y sentándose, vinieron a él sus discípulos.  Y abriendo su boca les enseñaba, diciendo:”  (Mateo 5:1-2)


En los días de Yeshua, los maestros de la Torah tenían estudiantes dedicados al estudio de la Torah, llamados “Talmidim” o discípulos.  El sistema del “discipulado” maestro – discípulo, estaba bien establecido en la cultura hebrea.

No había seminarios, institutos bíblicos sino la enseñanza por medio del contacto personal del maestro con el discípulo.  Yeshua fue considerado rabí – maestro – “Y volviéndose Yeshua, y viendo que le seguían, les dijo: ¿qué buscáis? Ellos le dijeron: Rabí (maestro), ¿dónde moras?” – Lucas 1:38.  Yeshua pasaba mucho tiempo con sus discípulos y cuando se iba al monte, no era invitando a la multitud a que lo siguiera, sino todo lo contrario; era para alejarse de la multitud y pasar tiempo con sus discípulos enseñándoles.  No toda  la gente lo seguía al monte, al lugar alto, solo aquellos que estaban interesados en lo que Yeshua tenía para decir.  Igualmente hoy en día, no todos están interesados en ir a los lugares altos, a pasar tiempo con el Maestro, a aprender las instrucciones y a escuchar lo que tiene para nosotros.  Para hacerlo, hay que dejar la multitud, dejar el sistema y seguirlo.  En ese tiempo, cuando el rabino o maestro se sentaba, quería decir que iba a enseñar.  Esa era la señal para el discípulo.  Tan pronto veía al maestro sentarse, el se sentaba a sus pies y escuchaba atentamente todo lo que el maestro tenía para él.  Recibía sus instrucciones y siempre se esperaba que el discípulo una vez aprendida la lección, la pusiera en práctica – “El discípulo no es más que su maestro, ni el siervo más que su señor.  Bástale al discípulo ser como su maestro…” – Mateo 10:24-25.  Después de cierto tiempo, el estudiante de la Torah debía estar enseñando, imitando al maestro en todo, haciendo discípulos el mismo y transmitiendo todo lo que había aprendido.  El maestro era tenido en más alta estima que el padre.  Según la tradición hebrea, el padre lo traía a uno al mundo presente, pero el Rabí (maestro) le llevaría al  mundo venidero.