Gota de Amor - Agosto 23/2011

Escrito por Rocio Salazar

“La religión pura y sin mácula delante de Elohim Padre es esta: visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo” (Santiago 1:27)


¿Cuándo piensa en la palabra religión que le viene a la mente?  La palabra religión viene de dos palabras en latín – re y ligio – que significan = amarrar o atar de nuevo.  Todos estamos atados a algo.

Aquello que es lo más importante en nuestra vida, es lo que nos ata o amarra.  Puede ser dinero, diversión, conocimiento, búsqueda del poder, búsqueda de reconocimiento humano, fama, falsa religión, una adicción de cualquier tipo, placer o egocentrismo.  La Biblia resume todas estas cosas en tres grupos o categorías: el mundo, el demonio y la carne.  Esas son las cosas que nos atan o controlan todo lo que hacemos, decimos o pensamos.  Pero, algunos dirán que han rechazado o abandonado la búsqueda de las cosas mundanas y de la carne y se han vuelto a la religión.  Simplemente se han atado de nuevo, pero a algo diferente.  Puede ser a algo bueno o malo, pero se han atado.  Si la gente se ata ella misma a un sistema religioso, ya sea cristianos o no, a iglesias, denominaciones o líderes religiosos, es una mala atadura.  Pero si ellos se atan a seguir y obedecer al Elohim de las Escrituras, y han decidido seguir Sus instrucciones en verdad y en justicia, es una buena atadura.  Hacerlo, es seguir el Camino que guía al amor, el gozo y la paz que solo YHVH sabe dar, y a la vida eterna, a ser parte del mundo venidero, a ser miembros de la familia de Elohim y a ser ciudadanos del Reino de YHVH.  Para la mentalidad greco-romana u occidental, religión es: un sistema de éticas, una ideología o credo, rituales y ceremonias, un lugar a donde ir, algo que hacer.  Sin embargo, desde la perspectiva Bíblica, religión es definida mas por lo que lo que somos, por la forma como pensamos, vivimos y caminamos en el diaria peregrinar hacia YHVH el Creador del Universo, por la relación íntima que tenemos con el Padre y con aquellos que junto con nosotros siguen el mismo camino, por el Código de Conducta – Torah – que nos ayuda a orientar cada pensamiento, palabra y acción hacia YHVH para que aprendamos a amarlo con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma y con toda nuestra mente, y al prójimo como  a nosotros mismos.