Gota de Amor - Septiembre 1/2011

Escrito por Rocio Salazar

“Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en el Mesías, y todos miembros los unos de los otros” (Romanos 12:4-5)


La tendencia humana del hombre es creer que él es el protagonista en la historia de su vida.  Esta vista tan corta es consecuencia de la soberbia que llevada a extremos puede tomar la forma de narcicismo o

aún de comportamiento sicopático, encoge el universo, limitándolo solo a lo que la persona ve con sus propios ojos y escucha con sus oídos, haciéndolo extremadamente pequeño, como un cañón encerrado por sus propias paredes.  Sin embargo, las Escrituras, nos dan una vista aérea de dicho cañón y de toda la tierra a su alrededor.  Nos muestra que no somos los protagonistas, sino actores de reparto en un elenco de billones de una obra cósmica en la cual Elohim es el protagonista, y al mismo tiempo director.  En una obra escrita por el hombre, Abraham y Sara, David o Pablo serían el centro, y la obra terminaría cuando resolvieran el conflicto o murieran, mas en la Torah no es así.  En ella vemos como la antorcha pasa de generación en generación tomando el hilo de la próxima historia de vida, tejiendo un hermoso tapete lleno de vidas y testimonios que nunca se podría apreciar si nos enfocamos en una vida en particular, excepto una – la vida de Yeshua.  Su biografía toma menos del 10% de las Escrituras, sin embargo, podemos encontrarlo en cada página desde Génesis hasta Apocalipsis.  El está profetizado abierta y alegóricamente en las mismas vidas de Su ancestros como un patrón tomado de Él.  En todo el Tanaj podemos leer sobre la continua guerra del enemigo tratando de eliminar el linaje del Mesías.  Solo humillándonos a nosotros mismos y dejando nuestra miope vista, podemos apreciar la mano de Elohim en la historia de la humanidad y darle la gloria que Se merece.